La ausencia de entender cómo funcionan los seguros sigue siendo una de las brechas financieras más relevantes en nuestro país, ya que impacta a individuos y compañías que contratan pólizas sin tener un conocimiento real de lo que cubre. Esta falta de información no solo conlleva coberturas insuficientes, sino también serios perjuicios económicos que se podrían evitar con orientación adecuada y comprensión en detalle de las condiciones de las pólizas
Este desconocimiento provoca que las personas cometan errores como no hacer un análisis mínimo del mercado antes de contratar un seguro, provocando que se obtenga una cobertura estándar, dejando a un lado otras pólizas que les pueden servir.
En el caso de contratar un seguro para una empresa, los errores suelen ser más delicados, ya que las compañías están expuestas a riesgos mayores y variados. El más común es no saber exactamente qué cubre su póliza, y en muchos casos la contratan solo porque un cliente o mandante se los exige, provocando que paguen por seguros que no se ajusten a su operación real.
Por ejemplo, muchas empresas de transporte circulan diariamente por caminos privados o faenas mineras, pero gran parte de las pólizas no cubre estos tipos de terrenos. Así, un siniestro en esas rutas queda automáticamente excluido.
También, es frecuente que las pólizas de responsabilidad civil tengan límites demasiado bajos, lo que resulta crítico para empresas con alto riesgo de causar perjuicios a terceros, como productores de alimentos o fabricantes de dispositivos electrónicos.
Debido a eso, antes de contratar un seguro, es clave hacerse la pregunta: ¿Realmente se necesita un seguro? Si la respuesta es positiva, entonces es importante que los asegurados revisen las condiciones y exclusiones del contrato para evitar problemas posteriores.
Cada tipo de seguro tiene condiciones específicas: desde seguros de vehículos hasta transporte, responsabilidad civil o accidentes personales. Por lo tanto, es importante declarar correctamente el uso del bien asegurado.
Por ejemplo, si un vehículo de una empresa será utilizado para actividades comerciales, debe quedar registrado; asimismo, si un familiar de un gerente lo utilizará de manera particular.
Son detalles que parecen menores, pero las compañías pueden rechazar un siniestro si la información no coincide con el uso real. En los seguros de transporte, por ejemplo, muchas pólizas exigen: GPS operativo, sistema de cortacorriente, medidas de seguridad adicionales y la falta de cumplimiento puede invalidar la cobertura.
Además, debido a este desconocimiento, especialmente en seguros de hogar o vehículos contratados por obligación en créditos hipotecarios, se genera la mala fama de que los seguros no pagan. Lo que genera que muchas personas prefieran el apoyo de intermediarios, como una corredora de seguros, que los oriente en la elección de coberturas y en la gestión de siniestros.
La falta de educación financiera es un problema transversal, ya que, en los colegios y universidades, este tipo de educación es limitada, por lo que sí, llevar las propias finanzas puede ser complejo, entender un seguro lo es aún más.
Esto se debe a que las pólizas suelen tener un formato difícil de leer, letras pequeñas y lenguaje técnico, lo que hace que muchas personas ni siquiera las revisen. Esto genera desconocimiento y refuerza la percepción de que los seguros no funcionan.
Sin embargo, para empresas pequeñas o medianas, los seguros no son un gasto elevado y pueden proteger su patrimonio ante eventos que podrían tener consecuencias graves.
Por ejemplo, un emprendedor que exporta productos, manipula alimentos o trabaja con varios proveedores, necesita protección ante riesgos que realmente podrían costarle muy caro. Por eso, contar con información clara permite a empresas y personas elegir coberturas acordes a sus necesidades reales.
Por: Lucas Behncke, Placement de corredora de seguros Viento Sur



