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La incertidumbre hídrica también se enfrenta modernizando la gestión del agua

La posibilidad de un “Super Niño” y la creciente variabilidad climática vuelven a poner sobre la mesa una pregunta cada vez más relevante para Chile: cómo nos preparamos para gestionar escenarios hídricos cada vez más inciertos


En Chile, esa conversación ha estado marcada durante más de una década por una palabra que se repite con frecuencia: escasez. La llamada megasequía, la disminución de los caudales en numerosas cuencas y la creciente presión sobre los recursos hídricos han instalado con fuerza la idea de que el principal problema del país es la falta de agua.

Esa preocupación es comprensible. Frente a esa realidad, gran parte del debate público se ha concentrado en cómo asegurar nuevas fuentes de abastecimiento: la construcción de embalses, la desalación, la reutilización de aguas o el desarrollo de infraestructura que permita enfrentar tanto períodos prolongados de sequía como inundaciones repentinas que puedan ser retenidas y gestionadas.

Todas estas alternativas forman parte de una conversación necesaria. Sin embargo, a medida que el país avanza en esa discusión, también comienza a aparecer otra pregunta igual de relevante: ¿Estamos gestionando de la mejor manera posible el agua que ya tenemos? 

Una parte importante del agua utilizada en Chile, especialmente en la agricultura, proviene de ríos y es distribuida a través de extensas redes de canales que recorren los territorios productivos. Se trata de sistemas complejos que han sido desarrollados a lo largo de décadas y que hoy son administrados por organizaciones de usuarios encargadas de coordinar la distribución del recurso, prácticamente ad-honorem. 

Este modelo ha sido muy exitoso como política pública para minimizar el costo de operación para que el agua llegue a miles de agricultores y comunidades a lo largo del país. Pero el contexto hídrico actual plantea nuevos desafíos. La variabilidad climática, la mayor presión sobre las cuencas y la necesidad de utilizar el recurso con mayor eficiencia hacen que la forma en que gestionamos el agua disponible cobre una relevancia cada vez mayor.

El nivel de inversión pública y su priorización ha avanzado a un ritmo menor de lo esperado, tanto en la mejora de esta gran infraestructura, como el profesionalismo en la gestión de estas redes de distribución. Una parte importante de nuestra infraestructura de distribución de agua sigue operando con lógicas muy similares a las del siglo XIX, con bajos niveles de automatización, monitoreo y gestión en tiempo real. 

En este escenario, la innovación tecnológica comienza a jugar un rol importante en la gestión del agua superficial. Herramientas como la telemetría, los sensores de monitoreo de caudales, la automatización de compuertas o las plataformas digitales de información permiten hoy contar con datos en tiempo real sobre el comportamiento del agua en ríos y canales

Este tipo de soluciones no reemplaza la experiencia de quienes han gestionado históricamente el recurso en terreno, pero sí aporta una capa adicional de información que puede mejorar la toma de decisiones. Frente a escenarios cada vez más variables, contar con datos más precisos sobre caudales, flujos o condiciones de operación permite anticipar escenarios, optimizar la distribución del agua disponible y fortalecer la coordinación entre quienes participan en su gestión.

En la práctica, esto puede traducirse en sistemas de distribución más eficientes, en una mejor planificación frente a períodos de escasez y en una mayor transparencia en el uso del recurso. En un contexto donde cada litro de agua adquiere mayor valor, mejorar la forma en que se gestiona el recurso disponible puede marcar una diferencia significativa.

Por eso, cuando hablamos del futuro hídrico de Chile, el desafío ya no se limita únicamente a aumentar la disponibilidad de agua. También pasa por modernizar la manera en que administramos los sistemas que permiten distribuirla.

La innovación en la gestión del agua superficial representa una oportunidad concreta en esa dirección. No siempre se trata de grandes obras o de proyectos visibles a gran escala. Muchas veces, los avances ocurren en la incorporación de nuevas herramientas que permiten gestionar mejor las redes existentes, optimizar su operación y fortalecer la toma de decisiones.

En un escenario de creciente incertidumbre climática, asegurar el abastecimiento futuro seguirá siendo un desafío central para el país. Pero junto con buscar nuevas fuentes de agua, también resulta fundamental avanzar en una gestión cada vez más eficiente, informada y moderna de los recursos que ya forman parte de nuestras cuencas.

Por: Emilio de la Jara, CEO de Capta Hydro.

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