Como sabemos el concepto de “razón instrumental” fue uno de los principales recursos filosóficos que permitió a la Escuela de Frankfurt sostener la elaboración de la corriente de pensamiento llamada teoría crítica. La razón instrumental se caracteriza por enfocarse en la eficiencia y el control de los medios para los fines de producción. Los filósofos de Frankfurt explicaron que este tipo de razón es la que empuja a la sociedad moderna a calcular cómo obtener los mejores resultados, normalmente monetizados, sin detenerse a pensar en aquello que es mejor o aquello que es más justo
Este tipo de pensamiento es el que se ha introducido con mucha fuerza en las actuales políticas y estrategias del ministerio de ciencia en el gobierno del presidente Kast. A mi modo de ver, la razón instrumental capea como la única opción y obnubila la mirada sobre la Ciencia en los nuevos escenarios a los que nos empuja el mundo contemporáneo. No se ha escatimado esfuerzos por parte de la ministra Ximena Lincolao para introducir en la opinión pública una comprensión estrecha de la ciencia donde las palabras eficiencia, tecnología, innovación sobre problemas productivos-económicos son ejes fundamentales.
El último triunfo de la razón instrumental ha sido el diseño de la convocatoria del Concurso FONDECYT de postdoctorado 2027 con áreas prioritarias enfocadas en tecnología aplicada para diferentes disciplinas especialmente ciencias naturales, astronomía, agricultura, acuicultura, minería, capital humano y ciberseguridad. Quedan fuera de las prioridades para el ministerio de ciencias las humanidades, las artes, las ciencias sociales, la educación.
Dos son al menos las consecuencias previsibles de este razonamiento instrumental en el corazón de la ciencia que se hace en Chile. Por un lado, la ciencia instrumentalizada pasa a ser un medio acrítico respecto al sentido de lo técnico y de los sistemas de producción. Y, por otro lado, las personas, científicos y científicas dedicadas a estas áreas pasan a ser valorados como simples herramientas o recursos de uso para la competitividad económica.
La tecnocracia manifestada en este tipo de opciones hace que el conocimiento científico pase a ser un servicio más dentro de la economía. Abandonando su vocación más propia, la ciencia pierde sentido crítico y los científicos pierden la capacidad reflexiva sobre modelos socioeconómicos imperantes. Se detiene la búsqueda de valores cívicos que pongan bajo observación normas sociales vigentes y falibles. En síntesis, una ciencia instrumentalizada no es ciencia, hasta que recupere su capacidad crítica que es consustancial a su razón de ser.



