El crecimiento empresarial suele verse como un indicador de éxito, impulsado por factores como el aumento de clientes, ventas e infraestructura. Sin embargo, en medio de esta expansión, hay un riesgo que muchas compañías desconocen: la falta de seguros actualizados
Cuando una organización inicia sus actividades por primera vez, se enfrenta a riesgos que dependen del tamaño del negocio. Pero a medida que la empresa crece, la exposición al riesgo cambia de manera drástica. No se trata solo de tener más activos o más personas involucradas, sino de que cualquier evento complejo puede tener un impacto más significativo en el patrimonio y en la continuidad operativa.
Según informes de la Cámara de Comercio de Santiago, los componentes financieros y laborales son los riesgos con mayor alza en el entorno corporativo. Por eso, las coberturas tienen que adaptarse en proporción a las compañías.
El problema es que muchas organizaciones mantienen sus pólizas con límites establecidos al principio, asumiendo que el riesgo se mantiene igual en el tiempo. Sin embargo, aunque un camión, una bodega o una operación logística pueden parecer iguales a simple vista, ya han experimentado cambios en su valor, su uso y su nivel de exposición.
Uno de los errores más comunes es no entender que las pólizas tienen límites claros y definidos. Si el valor asegurado no se ajusta al crecimiento real de la compañía, en caso de un siniestro, la indemnización será insuficiente. Lo mismo ocurre con la responsabilidad civil: no es comparable el riesgo que enfrenta una pyme con el de una empresa que abastece a grandes cadenas o que opera a nivel nacional. Por lo tanto, el crecimiento amplifica las consecuencias de cualquier error, accidente o demanda.
En las primeras etapas, las coberturas básicas suelen ser suficientes y varían según el rubro: seguros de carga, vehículos, incendio, robo o eventos catastróficos. Sin embargo, a medida que la empresa crece, también lo hace su complejidad operativa.
En ese punto, comienzan a tomar relevancia riesgos que antes parecían lejanos o incluso innecesarios, como los ciberataques, errores de gestión de directores, extorsiones o interrupciones prolongadas del negocio.
Por ejemplo, la transformación digital ha hecho que los datos sean uno de los activos más valiosos de las empresas. Sin embargo, muchas organizaciones en crecimiento todavía subestiman el impacto que puede tener un ciberataque en su operación diaria, en su reputación o incluso en su relación con clientes y proveedores. Lo mismo ocurre con las decisiones estratégicas de gerentes y directores, donde el margen de error se vuelve más costoso a medida que la empresa se desarrolla.
Otro factor crítico es la falta de un lenguaje claro y común sobre los seguros contratados, ya que muchas personas no tienen conocimiento de qué cubren realmente sus pólizas corporativas, cuáles son sus exclusiones o hasta dónde llega su protección. Por lo tanto, en situaciones de crecimiento rápido, esta falta de claridad puede convertirse en una vulnerabilidad grave.
Por ese motivo, hacer revisiones periódicas de las coberturas debería ser visto como una práctica habitual de una buena gestión, ajustando los seguros al crecimiento real de las empresas para proteger lo construido, garantizar la continuidad del negocio y evitar que un evento inesperado ponga en riesgo años de trabajo.
Crecer en el mundo corporativo implica asumir nuevos retos, pero también nuevos riesgos, como, por ejemplo, entender que los peligros no desaparecen: cambian de forma y magnitud. Bajo ese contexto, contar con seguros alineados con la actualidad que vive una empresa ya no es un gasto, sino que es una decisión estratégica para sostener el crecimiento en el tiempo.
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Por: Lucas Behncke, placement de la corredora de seguros Viento Sur,



