En promedio, los hombres mueren cinco años antes que las mujeres en nuestro país. Detrás de esa brecha hay un patrón claro: ellos postergan, minimizan y consultan tarde. Cambiar esa conducta puede marcar la diferencia entre prevenir y lamentar
Las cifras no mienten. En 2025, el 52% de las muertes en Chile fueron de hombres, con las enfermedades cardiovasculares y los tumores como principales causas. En 2024, los infartos se cobraron la vida de 4.658 hombres, casi el doble que en mujeres. Y, sin embargo, ellos siguen siendo los que menos van al médico, los que más se automedican y los que llegan a la consulta cuando el daño ya está avanzado.
"En la farmacia lo vemos constantemente. Un hombre pide algo para el dolor de cabeza que lleva semanas, o para el insomnio que arrastra meses, sin haber consultado nunca a un profesional. El fármaco alivia, pero no resuelve lo que hay detrás", explica Soledad Velásquez, químico farmacéutico de Farmacias Ahumada.
Las enfermedades silenciosas que más los afectan
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la hipertensión arterial afecta al 30% de los adultos chilenos, cuya prevalencia en hombres alcanza casi al 40%. El problema es que no duele ni avisa, y muchos la descubren recién cuando tienen un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV). El colesterol elevado sigue el mismo patrón: el 52% de la población tiene el llamado "colesterol malo" por sobre lo recomendable, junto con las alteraciones del sueño que, según la Encuesta Nacional de Salud, afectan al 30% de los hombres chilenos y los trastornos de salud mental -como ansiedad y depresión- que alcanzan casi el 12% según el Termómetro ACHS-UC.
Aún con todos estos antecedentes, el problema no es biológico, es cultural. Los hombres chilenos fuman más, consumen más alcohol de manera riesgosa y tienen rutinas alimentarias menos saludables que las mujeres, según la ENS. De hecho, datos recientes del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) evidencian una brecha de género que se mantiene crítica: los hombres registran una participación significativamente menor en los Exámenes de Medicina Preventiva (EMP) en comparación con las mujeres, lo que influye directamente en que -por ejemplo- las enfermedades cardiovasculares sigan liderando las causas de muerte prematura en este grupo.
A eso se suma una tendencia a normalizar los síntomas -"es solo cansancio", "ya se me va a pasar"- y una baja adherencia a los controles preventivos. La automedicación, frecuentemente con analgésicos o antiinflamatorios de venta libre, les permite postergar la consulta sin resolver la causa real.
Ante la aparición de malestares persistentes, como dolores de cabeza o fatiga, el segmento masculino muestra una alta tendencia a la automedicación para paliar los síntomas de forma inmediata. Desde el ámbito farmacéutico, Velásquez aclara que “el uso de analgésicos de venta directa o suplementos nutricionales no debe ser criminalizado; al contrario, principios activos generales como el magnesio -para mejorar el descanso-, el zinc -para fortalecer las defensas- o las vitaminas del complejo B para el equilibrio del sistema nervioso son excelentes herramientas de bienestar. El verdadero riesgo radica en utilizar estos recursos para enmascarar alertas del organismo, postergando un diagnóstico oportuno”, detalla.
La buena noticia es que ese patrón puede romperse y la farmacia puede ser un punto estratégico para lograrlo. Un control de presión arterial, una medición de glucosa o una conversación sobre síntomas persistentes pueden ser la primera alerta que cambie todo. En Chile, donde cuidarse a tiempo es la mejor inversión en salud, la farmacia está en cada barrio y no requiere hora previa.
La farmacéutica es directa, "si llevas más de dos semanas con el mismo dolor, con insomnio, con fatiga o con presión alta sin saber bien por qué, ese es el momento de consultar, no de aguantar". hábitos simples como reducir el sodio en la dieta, mantener actividad física regular, y asegurar el aporte de magnesio, vitamina D u omega-3 -que apoyan la salud cardiovascular y el sueño- pueden complementar el cuidado, pero nunca reemplazar la evaluación oportuna.
El desafío actual es transformar el enfoque reactivo en uno preventivo. Para lograrlo, la farmacia se consolida como un punto clave de orientación temprana y educación sanitaria. Al ser un espacio accesible y cercano, permite a los usuarios realizar tamizajes sencillos y recibir consejería sobre hábitos saludables. Fortalecer este rol educativo es fundamental para consolidar ese espacio cotidiano de prevención, impulsando a los hombres a escuchar a su cuerpo a tiempo y entender que la prevención es la mejor estrategia para una vida prolongada y saludable.
Cuidarse no es un lujo ni una señal de debilidad. Es la decisión más inteligente que un hombre puede tomar por sí mismo y por quienes lo rodean.




